Seth Godin define el marketing como el trabajo generoso de provocar un cambio en un grupo concreto de personas, muy lejos de la publicidad que interrumpe. Esto es marketing, que publicó en 2018, propone empezar por el mercado más pequeño posible, contar una historia verdadera y sostenerla durante años.
Seth Godin publicó Esto es marketing en 2018 y ahí ordenó una idea que venía trabajando hace años: el marketing provoca un cambio en un grupo concreto de personas.
Este blog lo publica EGA Futura, que desarrolla un ERP en la nube, así que la parte interesada queda declarada desde el principio.
Lo define como un acto generoso: ayudar a alguien a resolver su problema, sin grito, sin apuro y sin engaño.
La consecuencia incomoda al tablero de métricas. Si el marketing sirve, el trabajo se mide por el cambio que produce y no por la cantidad de gente que lo vio pasar.
Godin observa que los trucos viejos siguen en uso mucho después de haber dejado de funcionar.
El marketing efectivo empieza por entender la visión del mundo y los deseos de las personas a las que tu empresa quiere servir.
De ahí salen historias honestas, que resisten cuando alguien las revisa y que se propagan porque a alguien le sirvieron de verdad.
El libro los ordena en una secuencia, y el quinto es el que casi nadie completa.
Con una historia que valga la pena contar y una contribución de la que valga la pena hablar.
No para gustarle a todo el mundo, sino para que un grupo pequeño lo adopte y después lo defienda.
La historia se ajusta a la narrativa que ese grupo ya tiene, y no a la que nos gustaría que tuviera.
Recién en el cuarto paso aparece lo que la mayoría llama marketing.
Regularmente y con generosidad. La frecuencia construye confianza, y abandonar a mitad de camino tira el trabajo anterior.

Consejo: revisemos el último lanzamiento de tu empresa y marquemos en cuál de los cinco pasos se cortó. Casi siempre es el quinto.
Porque el cambio empieza chico. Godin propone calcular cuál es el mínimo de personas que hace falta influir para que el esfuerzo valga la pena, y arrancar por ahí.
Es el concepto que el libro llama mercado más pequeño posible, y va en dirección contraria a ampliar el alcance por las dudas.
La promesa está atada al cambio que se busca y a las personas que se busca cambiar. Cuando la promesa es vaga, el público también lo es.
Godin propone un molde de tres frases para ordenarla, y funciona bien como ejercicio de equipo:
El mismo ejercicio ordena el posicionamiento en el mercado, porque obliga a elegir contra qué alternativa competimos.
Kevin Kelly, editor ejecutivo fundador de Wired, escribió en 2008 el ensayo 1.000 True Fans: un creador independiente vive de mil fans verdaderos y no de un público masivo.
Godin lo cita como argumento de foco. Rinde más ocuparse mucho de unas pocas personas que ocuparse poco de muchas.
En una empresa mediana el equivalente son los clientes que se vuelven fanáticos, que traen a los siguientes sin que nadie se los pida.
El libro invita a mirar a quienes no eligen a la empresa y a preguntarse por qué tienen razón. La respuesta suele ser que el producto no era para ellos.
La empatía para decir que algo no es para alguien libera el trabajo que sí importa, y evita clientes que nunca iban a quedar conformes.
Un prospecto mal calificado se paga dos veces: en el ciclo de venta y después en el soporte.
Consejo: escribamos en una línea quién no es cliente de tu empresa y llevemos esa línea a la próxima reunión comercial.
Con tres herramientas que operan juntas: historias, conexiones y experiencias. Ninguna de las tres funciona aislada.
Godin insiste en que cada persona mira el mundo con lentes propios, así que el trabajo empieza por imaginar la historia que esa persona necesita escuchar.
Nadie quiere el producto en sí. Quiere lo que ese producto hace por su vida y cómo lo va a hacer sentir.
Pertenencia, conexión, tranquilidad, reconocimiento. Una transacción que entrega alguna de esas cosas entrega valor real.
Es el mismo terreno del neuromarketing y el cerebro del cliente: la decisión se toma en el plano emocional y se justifica después con razones.
Cuando una empresa ofrece un cambio, ofrece un estado emocional nuevo, un paso más cerca del sueño de esa persona.
La calidad ya no alcanza como diferencia, porque mucha gente hace bien lo que hace. Lo que separa a una marca es la historia que el cliente se cuenta a sí mismo.
De ahí la tarea de simplificar el mensaje de la marca hasta que entre en una sola frase.
Godin lo trabaja como semiótica: el logo, la tipografía, el tono y la apariencia envían señales antes de que alguien lea una palabra.
Los símbolos significan cosas distintas para públicos distintos, así que la señal se elige para el público elegido y no por gusto propio.
Una estrategia de marca que se diferencia vale más que una que se parece a todas las de su categoría.

Consejo: pidamos a tres clientes que describan a tu empresa en una frase y comparemos esas frases con la que hoy usa el sitio web.
Si tu empresa está evaluando sobre qué sistema apoyar esa promesa, compara los planes de EGA Futura ERP.
Un papel enorme: casi toda decisión pasa por el estatus, o sea por el lugar que cada persona ocupa dentro del grupo que le importa.
El libro le dedica un capítulo entero, y conviene traducir status como estatus. La versión literal, estado, hizo perder el sentido en buena parte de los resúmenes en español.
Godin describe dos visiones del mundo que conviven dentro de cualquier mercado.
Quien mira el mundo así se pregunta quién manda y quién tiene más poder. La jerarquía es vertical y ganar significa estar arriba.
Quien mira el mundo así se pregunta quién lo conoce, quién confía en él y si el grupo quedó mejor que antes. La visión la elige el cliente, nunca la empresa.
Un mismo producto se cuenta distinto según cuál de las dos tenga enfrente, y el error habitual es escribir siempre para la primera.
Es la frase con la que Godin explica la cultura: la mayoría actúa según lo que su grupo considera normal.
Por eso una marca no convence de a una persona por vez, sino que normaliza un comportamiento dentro de un grupo.
Godin ya había escrito sobre esto en su libro sobre tribus, donde una tribu es un grupo conectado por una idea y por alguien que la sostiene.
La tensión es la sensación de que algo puede cambiar y todavía no cambió. Sin tensión no hay movimiento.
La presión es otra cosa y no construye nada, porque trabaja con miedo y se paga después en confianza perdida.
Consejo: revisemos la última campaña de tu empresa y preguntémonos si ofrecía tensión o si apuraba con miedo.
En cuatro decisiones que Godin trata como marketing puro: el precio, el plan, el permiso y el embudo.
Ninguna de las cuatro es un asunto exclusivo del área comercial, y las cuatro cuentan algo sobre la empresa.
El libro lo resume en dos movimientos: el marketing cambia el valor y el precio cambia el marketing.
La gente deduce cosas a partir del precio, así que bajarlo no genera confianza: la resta, porque contradice la promesa que la empresa venía haciendo.
Conviene alinear el precio con el extremo que la empresa reclama para sí, algo que trabajamos en el proceso de estrategia de precios y en la guía para mejorar los precios.
Dentro del sistema de gestión, esa decisión termina viviendo en una lista de precios concreta.
Godin propone reemplazar el plan tradicional por cinco bloques cortos.
La gracia del formato es que separa lo que sabemos de lo que apostamos, que es la confusión más cara de cualquier plan.
El marketing de permiso, que Godin presentó en 1999 en el libro del mismo nombre, parte de una idea simple: tratar a la gente con respeto es la mejor forma de ganar su atención.
El permiso es el privilegio de contactar a alguien sin intermediarios, y se consigue prometiendo algo y cumpliéndolo cada vez.
Es un activo propio, porque no depende del alcance que una plataforma decida repartir hoy. La misma lógica sostiene el marketing que ayuda antes de vender.
Godin propone mirar el embudo de ventas como un tubo agujereado: entra atención arriba y sale una minoría comprometida abajo.
La mayoría se pierde en el medio, casi siempre porque la promesa que trajo a esa persona no coincide con lo que encontró al llegar.
Repararlo consiste en sacar pasos, pedir menos decisiones y darle un megáfono a quien sí llegó al final.
Consejo: midamos cuántas personas pasan de una etapa a la siguiente y arreglemos primero el agujero más grande, no el más visible.
El capítulo del embudo es el que nos tocó más de cerca, porque lo medimos sobre este mismo blog.
En agosto de 2026 revisamos con la analítica del sitio los 50 recorridos más frecuentes de treinta días que empiezan en un artículo del blog.
De esos 50, 41 terminan en otro artículo y solo 2 llegan a las páginas del producto.
El bloque de cierre estaba puesto en todas las páginas, así que el problema no era la ausencia de un llamado a la acción. Era la distancia entre la promesa del artículo y el destino que le habíamos puesto.
Es exactamente lo que describe Godin: el agujero estaba en la mitad del embudo. Quien entra a leer a Seth Godin todavía no está eligiendo un software.
Consejo: pongamos el llamado a la acción de cada contenido al lado de la promesa que trajo al lector, y no al final por costumbre.
Para ver cómo se ordena todo esto dentro de un sistema de gestión, agenda una demo de EGA Futura ERP. Dura de 30 a 45 minutos, es sin compromiso y la da una persona del equipo.
A continuación revisamos qué es el mercado más pequeño posible.
Es el grupo mínimo de personas que alcanza para sostener un proyecto o un producto. Seth Godin propone empezar por ahí en lugar de apuntar a un público amplio. Un grupo chico y bien servido termina difundiendo el trabajo por su cuenta.
El marketing directo está orientado a la acción y se mide con precisión, porque cada anuncio busca una respuesta concreta. El marketing de marca trabaja sobre la cultura, no se mide con la misma vara y exige paciencia. Godin recomienda no pagar por marca a quien no esté dispuesto a esperar.
Es el privilegio de contactar sin intermediarios a las personas que aceptaron recibir mensajes. Godin lo presentó en 1999 y sigue siendo un activo estable, porque no depende del alcance que una plataforma decida repartir.
Porque la gente deduce el valor a partir del precio antes de probar el producto. Un precio bajo comunica una posición modesta, así que bajarlo no genera confianza. El precio tiene que ser coherente con la promesa que la empresa hace.
Sirven en los dos casos y el ajuste es de escala. Una empresa mediana define su mercado más pequeño posible por segmento o por industria, y aplica el mismo criterio: servir muy bien a un grupo específico antes de ampliar el alcance.
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